13/09/2026

Evangelio según San Mateo Mt. 18, 21-35 / Lectura de las Horas de La Pasión 20ªHDP Primera hora de agonía en la Cruz
«Penetrando en tu interior veo que el amor desborda, te sofoca y no puedes contenerlo, y obligado por tu amor que te atormenta más que las mismas penas, con voz fuerte y conmovedora hablas como el Dios que eres, y dices:
«Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen». (Lc 23, 34)
Y de nuevo quedas en silencio, inmerso en penas inauditas. Crucificado Jesús, ¿será posible tanto amor? ¡Ah! después de tantas penas e insultos, la primera palabra es el perdón, y nos excusas ante el Padre por tantos pecados; esta palabra la haces descender en cada corazón después de la culpa, y eres Tú el primero en ofrecerles el perdón. Pero cuántos te rechazan y no lo aceptan, y tu amor da en delirio y quieres dar a todos el perdón y el beso de paz.
A esta palabra tuya el infierno tiembla y te reconoce por Dios. La naturaleza y todos quedan atónitos y reconocen tu Divinidad, tu inextinguible amor, y silenciosos esperan para ver hasta dónde llega tu amor. Pero no es sólo tu voz, sino también tu sangre y tus llagas que gritan a cada corazón después del pecado:
«Ven a mis brazos, que te perdono, y el sello del perdón es el precio de mi sangre.»
Oh mi amable Jesús, repite esta palabra a cuantos pecadores hay en el mundo. Para todos implora misericordia, a todos aplica los méritos infinitos de tu preciosísima sangre, por todos, oh buen Jesús, continúa aplacando a la divina Justicia y concede gracia a quien encontrándose en acto de tener que perdonar, no siente la fuerza. Mi Jesús, crucificado adorado, en estas tres horas de amarguísima agonía Tú quieres dar cumplimiento a todo, y mientras silencioso te estás sobre esta cruz, veo que en tu interior quieres satisfacer en todo al Padre.
Por todos le agradeces, satisfaces por todos y por todos pides perdón, y a todos consigues la gracia de que nunca más te ofendan. Y para obtener esto del Padre resumes toda tu vida, desde el primer instante de tu concepción hasta tu último respiro. Mi Jesús, amor interminable, deja que también yo recapitule toda tu vida junto contigo, con la inconsolable Mamá, con san Juan y con las pías mujeres».
FIAT