06/01/2025

Volumen 6 – Enero 6, 1904

“Como hoy los magos, al ofrecerme sus dones Yo tuve en sus personas presente a toda la generación humana, y todos participaron del mérito de su buena obra. La primera cosa que me ofrecieron fue el oro, y Yo en correspondencia les di la inteligencia y el conocimiento de la verdad; ¿pero sabes tú cuál es el oro que quiero ahora de las almas? No el oro material, no, sino el oro espiritual, esto es, el oro de su voluntad, el oro de los afectos, de los deseos, de los propios gustos, el oro de todo el interior del hombre, este es todo el oro que el alma tiene, y lo quiero todo para Mí. Ahora, para darme esto, al alma le resulta muy difícil dármelo sin sacrificarse y mortificarse, y esta es la mirra, que como hilo eléctrico ata el interior del hombre y lo hace más resplandeciente, y le da la tinta de múltiples colores, dándole al alma todas las especies de bellezas; pero esto no es todo, se requiere quien mantenga siempre vivos los colores, la frescura, que como perfume y vientecillo exhala del interior del alma, se requiere quien ofrezca y quien obtenga dones mayores de aquellos que dona, como también se requiere todavía quien obligue a morar en el propio interior a Aquél que recibe y Aquél que da y tenerlo en continua conversación y en continuo comercio con él, entonces, ¿quién hace todo esto? La oración, en especial el espíritu de oración interior, que sabe convertir no sólo las obras internas en oro, sino también las obras externas, y este es el incienso”.

FIAT

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