21/04/2026

Volumen 11 – Junio 29, 1914

“Querida hija mía, ¿has visto? El mar simboliza mi inmensidad, y los objetos diferentes en el tamaño, las almas que viven en mi Voluntad; los diferentes modos de estar en Ella, quién en la superficie, quién más adentro, y quién perdido en Mí, son según vivan en mi Querer, quién imperfecto, quién más perfecto, y quién llega a tanto de perderse del todo en mi Querer. Ahora hija mía, mi “ad intra” que te dije es propiamente esto, que ahora te tengo junto Conmigo, con mi Humanidad, y tú tomas parte en mis penas, en las obras y en las alegrías de mi Humanidad; y ahora, atrayéndote dentro de Mí, te hago perderte en mi Divinidad, ¿cuántas veces no te he hecho nadar en Mí, y te he tenido tan dentro de Mí que tú no podías ver otra cosa más que a Mí dentro y fuera de ti? Ahora, teniéndote en Mí tú has tomado parte en los gozos, en el amor y en todo lo demás, siempre según tu pequeña capacidad, y si bien nuestras obras “ad intra” son eternas, también las criaturas gozan de los efectos de esas obras en su vida según sea su amor”.

FIAT