10/01/2026

Volumen 11 – Agosto 27, 1913

“Hija mía, pobre hija mía, te quieren afligir, ¿no es verdad? ¡Ah, hija mía, hago tanto para tenerte en paz y ellos te quieren turbar! No, no, debes saber que el primero en disgustarse si tú osaras ofenderme sería Yo, y por eso sería el primero en decírtelo, y si nada te digo, no te preocupes. Pero, ¿quieres saber quién es la causa de todo esto? Es el demonio. Él se corroe de rabia y cada vez que hablas de los efectos de mi Voluntad a quien se te acerca, monta en furor, y no pudiendo él acercarse a quien hace mi Voluntad directamente, da la vuelta y va a quien puede acercársete bajo aspecto de bien, para tener al menos el mísero intento de turbar el cielo sereno del alma en la que me deleito morar, por eso desde lejos truena y relampaguea creyendo hacer con esto alguna cosa, pero pobrecito, la fuerza de mi Voluntad rompe sus piernas y hace caer truenos y relámpagos sobre él mismo, y queda más enfurecido que antes”.

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