“Sin embargo lo que hace más querida al alma, más bella, más amable, más íntima en el Ser Divino, es la perseverancia en este modo de comportarse, volviéndola inmutable junto con el inmutable Dios; porque si hoy hace y mañana no; si una vez tiene un fin, y otra vez otro; hoy trata de agradar a Dios, mañana a las criaturas, es imagen de quien hoy es reina y mañana es vilísima sierva, hoy se alimenta de exquisitos alimentos y mañana de porquerías”.
“Ahora, esto me parecía que se podría hacer también en el curso de nuestra vida para ahorrar trabajo al fuego del purgatorio, y a nosotros la pena, y así ser introducidos inmediatamente, sin ninguna dificultad, en nuestro sumo Bien Dios. Entonces me parecía que el alimento del fuego es la leña, y para estar seguro que la leña se ha convertido en fuego, es cuando se advierte que ya no produce humo. Ahora, principio y fin de todas nuestras acciones debe ser el fuego del amor de Dios; la leña que debe alimentar este fuego son las cruces, las mortificaciones; el humo que se eleva entre la leña y el fuego son las pasiones, las inclinaciones, que muy frecuentemente asoman la cabeza; entonces la señal de que todo en nosotros se ha consumido en fuego, es si nuestras pasiones están en su lugar y no sentimos más inclinaciones a todo lo que no se refiere a Dios. Parece que con esto pasaremos libremente, sin ningún obstáculo a habitar en nuestro Dios, y llegaremos aun desde acá a gozar el paraíso anticipado”.
“¿Sabes qué quiero de ti? Te quiero en todo similar a Mí, así en el obrar como en la intención; quiero que seas respetuosa con todos, porque respetar a todos da paz a sí mismo y paz a los demás; que te tengas como la mínima de todos, y que todas mis enseñanzas las rumies siempre en tu mente y las conserves en tu corazón, a fin de que en las diversas ocasiones las encuentres siempre listas para servirte de ellas y ponerlas en ejecución, en suma, quiero que tu vida sea un desbordamiento de la mía”.
“Le he preguntado a Jesús qué cosa era esa perla, que mientras parecía tan pequeña expandía tanta luz. Y Jesús: “Es la pureza de tu sufrir, porque aunque es pequeño, pero como sufres sólo por amor mío y estarías dispuesta a sufrir más si Yo te lo concediera, esta es la causa de tanta luz. Hija mía, la pureza en el obrar es tan grande, que quien obra con el único fin de agradarme a Mí solo, no hace otra cosa que mandar luz en todo su obrar. Quien no obra rectamente, aun el bien, no hace otra cosa que esparcir tinieblas”.
“Hija mía, la vida del hombre es vapor, y así como al vapor es sólo el fuego el que lo hace caminar, y a medida de que el fuego sea vivo y mucho, así corre más veloz, y si es poco camina a paso lento, y si está apagado queda detenido; así el alma, si el fuego del amor de Dios es mucho, se puede decir que vuela sobre todas las cosas de la tierra, y siempre corre y vuela a su centro que es Dios; ahora, si es poco se puede decir que camina con dificultad, arrastrándose y enfangándose de todo lo que es tierra; si está apagado queda detenida, sin vida de Dios en ella, como muerta a todo lo que es divino”.
“Pero lo que más me hace temer es la lengua, que frecuentemente me hace faltar en la caridad hacia el prójimo”. Y Jesús: “No temas, te enseñaré Yo mismo el modo que debes tener al hablar con el prójimo»: La primera cosa: Cuando se te dice algo respecto al prójimo, hecha una mirada sobre ti misma y observa si tú eres culpable de ese mismo defecto, y entonces el querer corregir es un querer indignarme y escandalizar al prójimo. La segunda: Si tú te ves libre de aquel defecto, entonces elévate y busca hablar como habría hablado Yo, así hablarás con mi misma lengua. Haciendo así jamás faltarás en la caridad del prójimo, es más, con tus palabras harás bien a ti, al prójimo, y a Mí me darás honor y gloria”.