«Hija, ¿estás aquí? ¿Has sido entonces espectadora de mis penas y de las tantas muertes que he sufrido? Debes saber, oh hija, que en estas tres horas de amarguísima agonía he reunido en Mí todas las vidas de las criaturas, y he sufrido todas sus penas y sus mismas muertes, dando a cada una mi misma vida. Mis agonías sostendrán las suyas; mis amarguras y mi muerte se cambiarán para ellas en fuente de dulzura y de vida. ¡Ah, cuánto me cuestan las almas! ¡Si fuese al menos correspondido! Por eso tú has visto que mientras moría, volvía a respirar, eran las muertes de las criaturas que sentía en Mi».
Lc. 13, 1-9 – Lectura de Libro de Cielo Vol. 12 Septiembre 28, 1917
Los actos hechos en la Divina Voluntad son soles que iluminan a todos, y servirán para hacer que se salve quien tenga un poco de buena voluntad. Dice Jesús “Los actos hechos en mi Voluntad son como soles que iluminan a todos, y mientras dura el acto de la criatura en mi Voluntad, un sol de más resplandece en las mentes ciegas, y quien tiene un poco de buena voluntad encontrará luz para salvarse del precipicio, los demás, todos perecerán, por eso en estos tiempos de densas tinieblas, cuánto bien hacen los actos de la criatura hechos en mi Voluntad, quien se salve será únicamente en virtud de estos actos”.
Oh Jesús, delicia de mi corazón, veo que la multitud de todos los pecados, nuestras miserias, nuestras debilidades, los más enormes delitos, las más negras ingratitudes, te vienen al encuentro, se arrojan sobre ti y te aplastan, te hieren, te muerden… Y Tú, ¿qué haces? La sangre que te hierve en las venas hace frente a todas estas ofensas, rompe las venas y en copiosos arroyos brota fuera, te empapa todo y corre hasta la tierra, dando sangre por ofensas, Vida por muerte… ¡Ah, a qué estado te veo reducido, estás expirando ya! Oh bien mío, dulce vida mía, no te mueras, levanta la cara de esta tierra que has mojado con tu sangre preciosísima, ven a mis brazos y haz que yo muera en vez de ti… Pero oigo la voz trémula y moribunda de mi dulce Jesús, que dice: «¡Padre, si es posible, pase de Mí este cáliz, pero hágase no mi voluntad sino la Tuya!» Ya es la segunda vez que oigo esto de mi dulce Jesús. ¿Pero que es lo que me quieres hacer comprender con estas palabras: «Padre, si es posible pase de Mí este cáliz?» Oh Jesús, se te hacen presentes todas las rebeliones de las criaturas, ves por casi todas rechazado aquel «Hágase tu Voluntad» que debía ser la vida de cada criatura, y éstas, en vez de encontrar la vida, encuentran la muerte; y Tú, queriendo dar la vida a todas y hacer una solemne reparación al Padre por las rebeliones de las criaturas, por tres veces repites: «¡Padre, si es posible pase de Mí este cáliz», es decir, «el cáliz amargo de que las almas, separándose de nuestra Voluntad, se pierdan». «Este cáliz es para Mí muy amargo; sin embargo, no se haga mi voluntad, sino la Tuya».
“Hija, ¿estás aquí? ¡Ah! te estaba esperando, y era ésta la tristeza que más me oprimía, el total abandono de todos, y te esperaba a ti para hacerte ser espectadora de mis penas. Hija mía, ¿quieres saber quién me atormenta más que los mismos verdugos? Es más, estos verdugos son nada en comparación de esto. Es el amor eterno que queriendo el primado en todo, me está haciendo sufrir todo junto y en las partes más íntimas lo que los verdugos me harán sufrir poco a poco”.
“El Padre se enternece ante la voz tierna y afectuosa del Hijo, y desciende del Cielo. Está ya sobre el altar y unido con el Espíritu Santo para concurrir con el Hijo. Y Jesús con voz sonora y conmovedora pronuncia las palabras de la consagración, y sin dejarse a Sí mismo, crea a Sí mismo en aquel pan y en aquel vino. Después te das en comunión a tus apóstoles, y creo que nuestra Celestial Mamá no quedó privada de recibirte. ¡Ah Jesús, los Cielos se postran, y todos te mandan un acto de adoración en tu nuevo estado de tan profundo aniquilamiento!”
“Oh Jesús, ya llegas al cenáculo junto con tus amados discípulos y te pones a cenar con ellos. Qué dulzura, qué afabilidad no muestras en toda tu persona al abajarte a tomar por última vez el alimento material. Allí todo es amor en Ti, también en esto no sólo reparas por los pecados de gula, sino que impetras también la santificación del alimento, y así como éste se convierte en fuerza, así nos obtienes la santidad hasta en las cosas más bajas y más comunes (…). Oh Jesús, mientras permanezco en tu corazón, dame también a mí el alimento como se lo diste a los apóstoles, el alimento de tu divina Voluntad, el alimento del amor, el alimento de la palabra divina. Jamás me niegues, oh mi Jesús, este alimento que Tú tanto deseas darme, de modo de formar en mí tu misma vida”.
“Mi adorable Jesús, mientras junto contigo he tomado parte en tus dolores y en los de la afligida Mamá, veo que te decides a partir para ir a donde el Querer del Padre te llama. Es tanto el amor entre Hijo y Madre que os vuelve inseparables, por lo que Tú te quedas en el corazón de la Mamá, y la Reina y dulce Mamá se deja en el tuyo, de otra manera os habría sido imposible el separaros.
(…) ¡ah! todo me dice cuánto la amas y cuánto sufres al dejarla, pero para cumplir la Voluntad del Padre, con vuestros corazones fundidos el uno en el otro, a todo os sometéis, queriendo reparar por aquellos que, por no vencer las ternuras de los parientes y amigos, los vínculos y los apegos, no se preocupan por cumplir el Querer Santo de Dios y corresponder al estado de santidad al que Dios los llama. ¡ ¡Qué dolor no te dan estas almas al rechazar de sus corazones el amor que quieres darles”.
“Son tantas las iniquidades que se elevan de la tierra al Cielo, que si faltara por un cuarto de hora la oración y almas que sean víctimas ante Mí, Yo haría salir fuego de la tierra y con él inundaría a las gentes”. Después ha agregado: “Mira cuántas gracias debía verter sobre las criaturas, pero como no encuentro correspondencia estoy obligado a retenerlas en Mí, es más, me las hacen cambiar en castigos. Pon atención tú hija mía, a corresponderme a las tantas gracias que estoy derramando en ti, porque la correspondencia es la puerta abierta para dejarme entrar en el corazón y ahí formar mi habitación. La correspondencia es como aquella buena acogida, aquella estima que se da a las personas cuando vienen a hacer una visita, de modo que atraídas por ese respeto, por esas maneras afables que se usan con ellas, están obligadas a venir otras veces y llegan a no saberse separar. El todo está en corresponderme, y a medida que las criaturas me corresponden y me tratan en la tierra, así Yo me comportaré con ellas en el Cielo, haciéndoles encontrar las puertas abiertas, invitaré a toda la corte celestial a acogerlos y los colocaré en el más sublime trono, pero será todo lo contrario para quien no me corresponde”.
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En este tiempo de Cuaresma estamos llamados a vivir la penitencia y la oración. Hagamos vida la oración tal y como nos enseña Jesús en esta lectura del Libro de Cielo. Tenemos que tomar conciencia de que la oración sostiene el mundo, pero ahora estamos llamados a hacer vida la oración y Él cuenta con nuestro obrar.
En esta lectura podemos ver cómo es de importante la plegaria, y ver la sobrenaturalidad de que a cada hora hay una Misa que sostiene el mundo, ya que tan solo por quince minutos sin oración el mundo no se sostendría.
Es un tiempo de reparación, pero también estamos llamados a la correspondencia. La oración de correspondencia es la puerta a abrir nuestro corazón al Señor, y a hacer de él Su morada.
Jesús nos dice que le acojamos en nuestro corazón aquí en la tierra, y nosotros en el Cielo recibiremos el mismo trato que le dimos, pero nuestra oración de correspondencia hecha vida tiene que ser toda amor.
Te amo, te adoro, te bendigo y te agradezco, por mí y por todos, Jesús mío.
«Oh dulce Mamá, después de haber girado y vuelto a girar para pedir a la Trinidad Sacrosanta, a los ángeles, a todas las criaturas, a la luz del sol, al perfume de las flores, a las olas del mar, a cada soplo de viento, a cada llama de fuego, a cada hoja que se mueve, al centellear de las estrellas, a cada movimiento de la naturaleza un “te bendigo”, vengo a Ti y uno mis bendiciones a las tuyas».
Lc. 9, 28b-36. Lectura de Libro de Cielo Vol 21 – Marzo 22, 1927
Efectos de cuando surge el Sol de la Divina Voluntad en el alma.
“Así, en cuanto surge mi Querer, todos los actos humanos quedan investidos de luz, toman su puesto de honor en mi Voluntad, cada uno recibe su especial tinte de belleza y la vivacidad de los colores divinos, de modo que el alma queda transfigurada y cubierta de una belleza indescriptible. Conforme surge el Sol de mi Querer pone en fuga todos los males del alma, quita el sopor que han producido las pasiones, más bien ante la luz del Fiat Divino las mismas pasiones besan aquella luz y ambicionan convertirse en virtudes para hacer homenaje a mi eterno Querer; en cuanto Él surge todo es alegría, y las mismas penas que, como mares en la noche dan temor a las pobres criaturas, si surge mi Querer pone en fuga la noche de la voluntad humana y quitando todo temor forma su fondo de oro en aquellas penas y con su luz inviste las aguas amargas de las penas y las cristaliza en mares de dulzura, de modo de formar un horizonte encantador y admirable, ¿qué no puede hacer mi Querer? Todo puede hacer y todo puede dar, y donde surge hace cosas dignas de nuestras manos creadoras”.
“Hija mía, en recompensa por haber escrito las horas de mi Pasión, por cada palabra que has escrito te daré un beso, un alma”. Y yo: “Amor mío, esto a mí, y a aquellos que las harán, ¿qué les darás?” Y Jesús: “Si las hacen junto Conmigo y con mi misma Voluntad, por cada palabra que reciten les daré también un alma, porque toda la mayor o menor eficacia de estas horas de mi Pasión está en la mayor o menor unión que tienen Conmigo, y haciéndolas con mi Voluntad, la criatura se esconde en mi Querer, y actuando mi Querer puedo hacer todos los bienes que quiero, aun por medio de una sola palabra, y esto cada vez que las hagan”.
“Hija mía, quien piensa siempre en mi Pasión forma en su corazón una fuente, y por cuanto más piensa en ella, tanto más esta fuente se agranda, y como las aguas que brotan son aguas comunes a todos, así esta fuente de mi Pasión que se forma en el corazón sirve para bien del alma, para gloria mía y para bien de las criaturas”. Y yo: “Dime bien mío, ¿qué cosa darás en recompensa a aquellos que harán las horas de la Pasión como Tú me las has enseñado?” Y Él: “Hija mía, estas horas no las consideraré como cosas vuestras, sino como hechas por Mí, os daré mis mismos méritos como si Yo estuviera sufriendo en acto mi Pasión y los mismos efectos según las disposiciones de las almas, esto en la tierra, premio mayor no podría darles; luego en el Cielo a estas almas me las pondré de frente, saeteándolas con saetas de amor y de contentos por cuantas veces han hecho las horas de mi Pasión, y ellas me saetearán a Mí. ¡Qué dulce encanto será esto para todos los bienaventurados!”
«Hija mía, me es tan querido quien siempre va pensando en mi Pasión y siente desagrado y me compadece, que me siento como retribuido por toda lo que sufrí en el curso de mi Pasión, y el alma rumiándola siempre viene a formar un alimento continuo, en el que hay tantos diversos condimentos y sabores que producen diversos efectos. Así que si en el curso de mi Pasión me dieron cadenas y cuerdas para atarme, el alma me desata y me da la libertad; aquellos me despreciaron, me escupieron y me deshonraban, ella me aprecia, me limpia de esas escupitinas y me honra; aquellos me desnudaron y me flagelaron, ella me cura y me viste, aquellos me coronaron de espinas tratándome como rey de burla, me amargaron la boca con hiel y me crucificaron, el alma rumiando todas mis penas me corona de gloria y me honra como su Rey».
Volumen 11 – Septiembre 6, 1913 “Hija mía, con las oraciones indulgenciadas se gana alguna cosa, en cambio las horas de mi Pasión, que son mis mismas oraciones, mis reparaciones y todo amor, han salido propiamente del fondo de mi corazón. ¿Has acaso olvidado cuántas veces me he unido contigo para hacerlas juntos y he cambiado los flagelos en gracias para toda la tierra? Por eso es tal y tanta mi complacencia, que en lugar de las indulgencias le doy al alma un puñado de amor, que contiene precio incalculable de infinito valor, y además, cuando las cosas son hechas por puro amor, mi Amor encuentra en eso su desahogo, y no es indiferente que la criatura dé alivio y desahogo al Amor de su Creador”.
“Hija mía, mi primera Pasión fue el amor, porque el hombre al pecar, el primer paso que da en el mal es la falta de amor, por lo tanto, faltando el amor se precipita en la culpa; (…) El segundo paso que sucede en la culpa es defraudar la gloria de Dios, y el Padre para rehacerse de la gloria quitada por las criaturas me hizo sufrir la Pasión del pecado, esto es, que cada culpa me daba una pasión especial; (…) El tercer efecto que produce la culpa es la debilidad en el hombre, y por eso quise sufrir la Pasión por manos de los judíos, esta es mi tercera Pasión, para rehacer al hombre de la fuerza perdida”.
«Con todo el bien de mi Pasión se ven almas débiles, ciegas, sordas, mudas, cojas, cadáveres vivientes que dan repugnancia, porque mi Pasión ha sido puesta en el olvido. Mis penas, mis llagas, mi sangre, son fuerza que quita las debilidades, luz que da vista a los ciegos, lengua que desata las lenguas y abre el oído, es medio que endereza a los cojos, vida que resucita los cadáveres. Todos los remedios necesarios a la humanidad están en mi Vida y en mi Pasión, pero la criatura desprecia la medicina y no pone atención a los remedios, por eso se ve que con toda mi Redención, el hombre perece en su estado como afectado por una tisis incurable.»
“Hija mía, el número de cuarenta días de mi vida aquí abajo es simbólico y significativo. Cuarenta días desde que nací quise estar en la gruta de Belén, símbolo de mi Voluntad Divina que mientras estaba en medio de las criaturas, estaba como escondida y fuera de la ciudad de sus almas, y Yo para reparar los cuarenta siglos de voluntad humana, quise estar por cuarenta días fuera de la ciudad en una vil choza a llorar, gemir y orar, para llamar de nuevo mi Voluntad Divina a la ciudad de las almas para darle su dominio, y después de cuarenta días salí para presentarme al templo y revelarme al santo anciano Simeón; era la primera ciudad que llamaba al conocimiento de mi Reino, y fue tanta su alegría que cerró los ojos a la tierra para abrirlos a la eternidad. Cuarenta estuve en el desierto, y después, súbito hice mi vida pública para dar a las criaturas los remedios y los medios para alcanzar el reino de mi Querer. Cuarenta días quise estar sobre la tierra después de mi Resurrección para confirmar el reino del Fiat Divino y sus cuarenta siglos de reino que debía poseer. Así que todo lo que Yo hice en este mundo, el primer acto era el restablecimiento de Él, todas las otras cosas entraban en el orden secundario, pero el primer anillo de conjunción entre Yo y las criaturas era el reino de mi Voluntad. Por eso cuando se trata de Ella no ahorro nada, ni luz, ni sacrificios, ni manifestaciones, ni felicidad, son mares que pongo fuera de Mí para hacerla conocer, reinar y amar”.
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Continuamos esta semana con la segunda parte de esta misma lectura. Son muchos los significados que tienen los cuarenta días que estuvo Jesús en el desierto, pero la verdad divina principal es que el primer acto que hizo Jesús al venir a este mundo fue el restablecimiento del Fiat Divino para hacer conocer, reinar y amar esta Voluntad Divina en medio a las criaturas. Por eso, actos importantes de Su vida, desde su nacimiento hasta su Resurrección, llevan el sello de los cuarenta días donde todo es símbolo de esa Voluntad Divina que viene a llamarnos al orden, puesto y finalidad para la que fuimos creados por Dios.
Lc 4, 1-13 – Libro de Cielo Vol. 22 – Septiembre 8, 1927
Significado de los cuarenta días en el desierto.
“Yo fui al desierto para llamar de nuevo a mi misma Voluntad Divina, que por cuarenta siglos las criaturas habían desterrado de en medio de ellas, y Yo por cuarenta días quise estarme solo, para reparar los cuarenta siglos de voluntad humana en los cuales la mía no había poseído su reino en medio a la familia humana, y con mi misma Voluntad Divina la quise llamar de nuevo en medio a ellos para hacer que reinara. Al regresar del desierto la deposité en mi Mamá con todos los actos de Voluntad Divina que las criaturas habían rechazado y tenido como en el desierto, a fin de que fuera Ella la fiel depositaria, la reparadora y la imploradora del Reino de mi Voluntad”.
Volumen 6 – Mayo 30, 1904 “Hija mía, cuánta ruina hace en el alma la soberbia, basta decirte que forma un muro de división entre la criatura y Dios, y de imágenes mías las transforma en demonios. Y además, si tanto te duele y te desagrada que las criaturas sean tan ciegas que ellas mismas no entiendan ni vean el precipicio en el cual se encuentran, y tanto deseas que Yo las ayude, mi Pasión sirve como vestido al hombre, que le cubre las más grandes miserias, lo embellece y le restituye todo el bien que por el pecado se había quitado y había perdido, por lo cual Yo te hago don de mi Pasión, a fin de que te sirva a ti y para quien quieras tú”.
“Hija mía si tú supieras la gran complacencia que siento al verte repetir éstas horas de Mí Pasión y siempre repetirlas, y de nuevo repetirlas, quedarías feliz. Es verdad que mis santos han meditado mi Pasión y han comprendido cuánto sufrí y se han deshecho en lágrimas de compasión, tanto, de sentirse consumar de amor por mis penas, pero no lo han hecho así de continuo y siempre repetido con este orden, así que puedo decir que tú eres la primera que me da este gusto tan grande y especial, y al ir desmenuzando en ti hora por hora mi Vida y lo que sufrí, Yo me siento tan atraído, que hora por hora te voy dando el alimento y como contigo el mismo alimento, y hago junto contigo lo que haces tú. Debes saber que te recompensaré abundantemente con nueva luz y nuevas gracias, y aun después de tu muerte, cada vez que sean hechas por las almas en la tierra estas horas de mí Pasión, Yo en el Cielo te cubriré siempre de nueva luz y gloria”.
“Hija mía, el primer significado de la Pasión contiene gloria, alabanza, honor, agradecimiento, reparación a la Divinidad. El segundo es la salvación de las almas y todas las gracias que se necesitan para obtener esta finalidad. Entonces, quien participa en las penas de mi Pasión, su vida contiene estos mismos significados, no sólo, sino que toma la misma forma de mi Humanidad, y como dicha Humanidad está unida con la Divinidad, también el alma que participa en mis penas está en contacto con la Divinidad y puede obtener lo que quiere. Es más, sus penas son como llaves para abrir los tesoros divinos, esto mientras vive acá abajo, y después allá en el Cielo también le está reservada una gloria distinta que le es dada por mi Humanidad y Divinidad, en modo de semejarse a mi misma luz y gloria, y será una gloria más especial para toda la corte celestial, que le será dada por medio de esta alma, por lo que Yo le he comunicado, porque por cuantas más almas se han semejado a Mí en las penas, tanto más de dentro de la Divinidad saldrá luz y gloria, y toda la corte celestial participará de esta gloria”.
“Hija mía, el mundo se ha desequilibrado porque ha perdido el pensamiento de mi Pasión. En las tinieblas no ha encontrado la luz de mi Pasión que lo ilumine, que haciéndole conocer mi Amor y cuántas penas me cuestan las almas, pueda reaccionar y amar a quien verdaderamente lo ha amado, y la luz de mi Pasión, guiándolo, lo ponía en guardia de todos los peligros; en la debilidad no ha encontrado la fuerza de mi Pasión que lo sostenga; en la impaciencia no ha encontrado el espejo de mi paciencia que le infunda la calma, resignación, y ante mi paciencia, avergonzándose tenga como un deber dominarse a sí mismo; en las penas no ha encontrado el consuelo de las penas de un Dios, que sosteniendo las suyas le infunda amor al sufrir; en el pecado no ha encontrado mi santidad, que haciéndole frente le infunda odio a la culpa”.
Volumen 7 – Mayo 6, 1906 “Hija mía, así como el pan material es alimento y vida del cuerpo, y no hay partícula del cuerpo que no reciba vida de este pan, así Dios es alimento y vida del alma, y no debe haber partícula que no tome vida y alimento de Dios, esto es, animar a todo sí mismo en Dios, como nutrir sus deseos en Dios, los afectos, las inclinaciones, el amor, hacerlos tomar vida y alimento en Dios, de modo que ningún otro alimento debería gustar que Dios solo, pero, ¡Oh, cuántos hacen que sus almas se alimenten de toda clase de porquerías!”
«En cuanto el alma comienza a desearme, Yo quedo ya concebido, cuanto más se adentra en el deseo, así me voy agrandando en el ama, cuando este deseo llena todo el interior y llega a desbordar fuera, entonces renazco en todo el hombre, esto es, en la mente, en la boca, en las obras y en los pasos».
“Feliz partí al desierto, feliz quedó la Alteza de mi Mamá Celestial, porque el dolor sufrido al modo divino no tiene virtud de ensombrecer mínimamente la divina felicidad, que contiene mares de alegría y de pazinterminable, son como las gotitas de agua en el inmenso mar los dolores sufridos al modo divino, que la fuerza de las olas tienen virtud de cambiarlos en felicidad. El dolor sufrido en modo humano tiene virtud de despedazar la verdadera felicidad y de turbar la paz, el modo divino jamás. Mucho más que mi Mamá Reina poseía el Sol de mi Voluntad por gracia y Yo lo poseía por naturaleza, así que el Sol quedó en Ella y quedó en Mí, pero los rayos no se separaron porque la luz es inseparable, por eso en la misma luz Ella quedó en Mí y seguía mis actos, y Yo quedé en Ella como su centro de vida. Por tanto la separación mientras fue verdadera, pero fue aparente; en sustancia estábamos fundidos juntos e inseparables, porque la luz de la Divina Voluntad ponía en común nuestros actos como si fueran uno solo. Y después Yo fui al desierto para llamar de nuevo a mi misma Voluntad Divina, que por cuarenta siglos las criaturas habían desterrado de en medio de ellas, y Yo por cuarenta días quise estarme solo, para reparar los cuarenta siglos de voluntad humana en los cuales la mía no había poseído su reino en medio a la familia humana, y con mi misma Voluntad Divina la quise llamar de nuevo en medio a ellos para hacer que reinara. Al regresar del desierto la deposité en mi Mamá con todos los actos de Voluntad Divina que las criaturas habían rechazado y tenido como en el desierto, a fin de que fuera Ella la fiel depositaria, la reparadora y la imploradora del Reino de mi Voluntad. Sólo la Soberana Señora podía poseer este depósito tan grande, porque poseía en Sí la misma Voluntad Divina en la cual se podía contener la misma Voluntad desterrada por la criatura. ¿Cómo podíamos ocuparnos de nuestro dolor de separarnos por cuarenta días, cuando se trataba de reintegrar, de llamar de nuevo a nuestra Divina Voluntad a reinar en medio a las criaturas? En nuestro dolor éramos más que felices porque queríamos poner a salvo el Reino del Fiat Supremo, y la Celestial Reina estaba esperando con ansias mi regreso para recibir el depósito del nuevo sol, para corresponder con su amor todos sus actos que la ingratitud humana había rechazado. Ella hizo de verdadera Mamá a mi Divina Voluntad, haciendo al mismo tiempo de verdadera Madre a las criaturas, implorando para todos la vida, la felicidad, la alegría de poseer el Reino del Eterno Fiat”.
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El miércoles comenzamos la Cuaresma. Estos próximos cuarenta días tenemos que vivirlos como los vivió Jesús en el desierto: REPARANDO. Pero, ¿qué reparaba Jesús? Los cuarenta siglos que la voluntad humana había predominado entre las criaturas. Tenemos que vivir este tiempo litúrgico como una llamada a la Divina Voluntad para que reine en medio a las criaturas. Y tenemos que hacer de verdaderas Madres de Jesús. ¿Cómo? Tal como hizo Ella, siendo depositaria de la Divina Voluntad. Antes de conocer el Don vivíamos la Cuaresma como un tiempo penitencial, ahora que somos conocedores de las verdades del Libro de Cielo, tenemos que hacerlas Vida. Seamos ese depósito de la Divina Voluntad correspondiendo con el mismo amor de la Mamá Reina a todas las ingratitudes de las criaturas, para que el Reino baje del Cielo a la tierra. Seamos Madres de Jesús, madres de la Divina Voluntad y madres de las criaturas.
En estos días de Cuaresma vivamos cada momento y cada acto como una llamada a la Divina Voluntad a reinar en los corazones de todos, y a profundizar en el conocimiento de este don para conocer el AdIntra de cada acto que obró Jesús, así nosotros seremos repetidores de su misma vida y viviremos fundidos en Él como su misma Madre.
Lc.6. 39-45 – Lectura de Libro de Cielo Vol 19 marzo 2, de 1926
“Hija mía, ¿quisieras tú sepultar la luz, la gracia, la verdad y así preparar la tumba a tu Jesús? El silencio acerca de todo lo que es verdad forma la sepultura de la verdad, mientras que la palabra forma la resurrección de la verdad, hace resurgir la luz, la gracia, el bien, mucho más porque la palabra sobre la verdad parte del Fiat Supremo. La palabra tuvo su campo divino cuando en la Creación, con la palabra Fiat, hice salir fuera toda la Creación, podía haberla creado aún callando, pero quise servirme de la palabra Fiat para hacer que también la palabra tuviese el origen divino, que conteniendo la potencia creadora, quien se sirva de ella para manifestar lo que a Mí pertenece, tuviese la potencia de comunicar aquellas verdades a quien tiene la fortuna de escucharlas”.
“La palabra religión para el mundo es palabra ridícula, y parece que no vale nada, pero ante Mí cada palabra que pertenece a la religión es una virtud de valor infinito, tanto, que me serví de la palabra para propagar la fe en todo el universo, y quien en esto se ejercita me sirve de boca para manifestar a las criaturas mi Voluntad”.
“Hija mía, lo que el alma debe hacer es un continuo exprimirse a sí misma, porque el alma es como una esponja, se exprime a sí misma y se impregna de Dios, y embebiéndose de Dios siente la Vida de Dios en sí misma, y por eso siente el amor a la virtud, siente tendencias santas, se siente vacía de sí misma y transformada en Dios, y si no se exprime a sí misma queda impregnada de sí misma, y por lo tanto siente todos los efectos que contiene la corrupta naturaleza, todos los vicios asoman la cabeza: La soberbia, la envidia, la desobediencia, la impureza, etc, etc”.
“Hija mía, el alma vacía es como el agua que corre siempre, y solo se detiene cuando llega al centro de donde ha salido; y así como el agua que no tiene color puede recibir en sí todos los colores que en ella se reflejen, así el alma vacía, corre siempre hacia el centro divino de dónde salió, y solo se detiene cuando llega a llenarse toda, toda de Dios, porque estando vacía nada se le escapa al Ser Divino, y como no tiene color propio recibe en sí todos los colores divinos. Ahora, solo el alma vacía, porque está vacía de todo, comprende las cosas según la Verdad, por ejemplo: La preciosidad del sufrir, el verdadero bien de la virtud, la sola necesidad de lo eterno, porque para amar una cosa es de absoluta necesidad que se odie la cosa contraria a la que se ama, y sólo el alma vacía es la que llega a tanta felicidad”.
“Hija mía, en torno a mi trono hay un vacío, y este vacío debe ser llenado por la gloria que me debe la Creación; por eso, quien me ve despreciado por las otras criaturas y me honra, no sólo por sí, sino por los demás, me hace renacer los honores en este vacío; cuando no me ve amado y me ama, me hace renacer el amor; cuando ve que colmo a las criaturas de beneficios y no me reconocen y ni siquiera me agradecen, y ella me agradece como si se hubieran hecho a ella los beneficios, me hace renacer en este vacío la flor de la gratitud y del agradecimiento, y así de todo lo demás que me debe la Creación, y que con negra ingratitud me niega”.
«La obediencia fue todo para Mí, la obediencia quiero que sea todo para ti. La obediencia me hizo nacer, la obediencia me hizo morir, las llagas que tengo en mi cuerpo son heridas y marcas que me hizo la obediencia. Con razón has dicho que es un guerrero potentísimo, armado con toda clase de armas aptas para herir, porque en Mí no me dejó ni siquiera una gota de sangre, me arrancó a pedazos las carnes, me dislocó los huesos, y mi pobre corazón, destrozado, sangrante, iba buscando un alivio, alguien que tuviera compasión de Mí. La obediencia entonces, haciéndose para Mí más que cruel tirano, solo se contentó cuando me sacrificó en la cruz y me vio expirar víctima por su amor».
Luego, estando cerca de mi Sacramentado Jesús, cada mañana se da la bendición con el Santísimo, y mientras rezaba, mi dulce Jesús que me bendice, moviéndose en mi interior me ha dicho: “Hija mía, de todo corazón te bendigo, más bien bendigo a mi misma Voluntad en ti, bendigo tus pensamientos, respiros y latidos, a fin de que pienses siempre en mi Querer, lo respires continuamente y sea tu latido mi sola Voluntad, y por amor tuyo bendigo a todas las voluntades humanas, a fin de que se dispongan a recibir la Vida de mi Eterno Querer. Hija mía amadísima, si tú supieras cómo es dulce, cómo me siento feliz de bendecir a la pequeña hija de mi Querer; mi corazón exulta al bendecir a aquélla que posee el origen, la Vida de nuestro Fiat, que llevará el inicio, el principio del reino de mi Divina Voluntad. Y mientras te bendigo, vierto en ti el rocío benéfico de la luz de mi Querer Divino, que adornándote toda, te hará aparecer más bella a mis miradas sacramentales, y Yo me sentiré más feliz en esta custodia al mirar a la pequeña hija mía prisionera, investida y atada por las dulces cadenas de mi Voluntad. Y cada vez que te bendiga, haré crecer la Vida de mi Querer Divino en ti. Cómo es bella la compañía de quien hace mi Divina Voluntad, Ella pone el eco en el fondo del alma, de todo lo que hago en esta hostia santa, y Yo no me siento solo en mis actos, siento que reza junto Conmigo, y uniéndose juntas nuestras súplicas, nuestros suspiros, pedimos una sola cosa: Que la Divina Voluntad sea conocida y que pronto venga su reino”.
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Con esta lectura sobre la bendición acabamos esta serie de catequesis sobre la Divina Voluntad y la Santa Misa.
En el rito de despedida el sacerdote se despide con la bendición final. Veamos qué dice el Catecismo de la Iglesia Católica:
2626 La bendición expresa el movimiento de fondo de la oración cristiana: es encuentro de Dios con el hombre; en ella, el don de Dios y la acogida del hombre se convocan y se unen. La oración de bendición es la respuesta del hombre a los dones de Dios: porque Dios bendice, el corazón del hombre puede bendecir a su vez a Aquel que es la fuente de toda bendición.
2627 Dos formas fundamentales expresan este movimiento: o bien la oración asciende llevada por el Espíritu Santo, por medio de Cristo hacia el Padre (nosotros le bendecimos por habernos bendecido; cf Ef 1, 3-14; 2 Co 1, 3-7; 1 P 1, 3-9); o bien implora la gracia del Espíritu Santo que, por medio de Cristo, desciende de junto al Padre (es Él quien nos bendice; cf 2 Co 13, 13; Rm 15, 5-6. 13; Ef 6, 23-24).
Vivamos ese momento de la Misa a cada instante, no solo durante el oficio, sino en cualquier lugar y tiempo. Nuestro Señor nos bendice continuamente con su Voluntad Divina hasta que la hagamos Vida en nosotros. La mayor felicidad para Jesús es darnos esta bendición, porque así se reconoce en la criatura y la criatura en Él; y siente la compañía de nuestros actos, de nuestra vida, y unidos en oración nuestra única intención será su misma petición: Que la Divina Voluntad sea conocida y que pronto venga su reino.
Tal como dice el Catecismo, respondamos a los dones de Dios con su misma bendición y agradecimiento, pero llevemos a plenitud el sentido de la bendición con los conocimientos que nos revela Jesús en el Libro de Cielo, y al igual que Luisa dejémonos encadenar por Su Voluntad.
“Hija mía, todas las acciones humanas, aun santas, hechas sin una intención especial para Mí, salen del alma llenas de tinieblas, pero hechas con recta y especial intención de agradarme, salen llenas de luz, porque la intención purifica la acción”.
Dice Jesús: “No temas, te enseñaré Yo mismo el modo que debes tener al hablar con el prójimo: La primera cosa: Cuando se te dice algo respecto al prójimo, hecha una mirada sobre ti misma y observa si tú eres culpable de ese mismo defecto, y entonces el querer corregir es un querer indignarme y escandalizar al prójimo. La segunda: Si tú te ves libre de aquel defecto, entonces elévate y busca hablar como habría hablado Yo, así hablarás con mi misma lengua. Haciendo así jamás faltarás en la caridad del prójimo, es más, con tus palabras harás bien a ti, al prójimo, y a Mí me darás honor y gloria”.
“¿Quién quiere seguir y ser amigo o discípulo de un pobre calumniado, humillado, despreciado? Ninguno, por el contrario sienten miedo, horror de acercarse, y llegan a desconocer a aquél con quien antes tenían amistad, como hizo Conmigo San Pedro. Así que es inútil esperar amigos cuando la pobre criatura se encuentra bajo la opresión de las humillaciones, desprecios y calumnias, por eso se necesita hacer amigos cuando el Cielo nos sonríe y la fortuna nos quisiera poner sobre el trono, si queremos que el bien, las obras que se quieren tengan la vida y la continuación en las otras criaturas. Yo con hacerme de amigos cuando sembraba milagros y triunfos, que llegaban a creer que Yo debía ser su Rey sobre la tierra, y que por haber sido mis discípulos debían ocupar los primeros puestos junto a Mí, a pesar que me abandonaron en mi Pasión, cuando mi Resurrección proclamó mi pleno triunfo, los apóstoles volvieron a creer, se reunieron entre ellos y como triunfadores siguieron mi doctrina, mi Vida, y formaron la Iglesia naciente. Si Yo hubiera puesto atención a que debían huir de Mí y no los hubiera hecho mis discípulos en el tiempo de mis triunfos, no habría tenido quién hablara de Mí después de mi muerte, quién me hiciera conocer”.
“Hija mía, ánimo en el camino del dolor, ve estos siete soles que me salen del corazón, son mis siete dolores que me fructificaron tanta gloria y esplendor, estos soles, fruto de mis dolores, saetean continuamente el trono de la Santísima Trinidad, la cual, sintiéndose herida me mandan siete canales de gracia continuamente, convirtiéndome en dueña y Yo los dispongo para gloria de todo el Cielo, para alivio de las almas purgantes, y para beneficio de todos los viadores”.
“Por eso, haciendo todo con la intención de recibir de Mí tu obrar, también tú vendrás a abrazar y a contener a todas las criaturas en ti, y tu obrar se difundirá para bien de todos; así que aunque los demás no me den nada, Yo tomaré todo de ti”.
“Cierto que la cosa que más me agrada del alma es la perseverancia, porque la perseverancia es sello de la vida eterna y desarrollo de la Vida Divina. Porque así como Dios es siempre antiguo y siempre nuevo e inmutable, así el alma con la perseverancia, con haberla practicado siempre es antigua, y con la actitud de hacerla es siempre nueva, y cada vez que la hace se renueva en Dios, quedando en Él inmutable, y sin darse cuenta. Y como con la perseverancia hace adquisición continua de la Vida Divina en sí misma, adquiriendo a Dios sella la vida eterna. ¿Puede haber sello más seguro que Dios mismo?”.
“Hija mía, ven junto a Mí y encontrarás el camino a Jesús, es más, quiero enseñarte el secreto para poder estar siempre con Jesús y para vivir siempre contenta y feliz aun sobre esta tierra, y éste es, tener fijo en tu interior que sólo Jesús y tú están en el mundo, y nadie más, y sólo a Él debes agradar, complacer y amar, y sólo de Él debes esperar ser amada y contentada en todo. Estando en este modo tú y Jesús, no te hará más impresión si estarás circundada de desprecios o alabanzas, de parientes o extraños, de amigos o enemigos, sólo Jesús será todo tu contento y sólo Jesús te bastará por todos. Hija mía, hasta en tanto que todo lo que existe acá abajo no desaparezca del todo del alma, no se puede encontrar verdadero y perpetuo contento”.
“Hija mía, no hizo otra cosa que un acto de adoración profundísimo y simplísimo, y como el acto por cuanto más simple, tanto más fácil para unirse con Dios, Espíritu simplísimo, por eso en este acto se fundió en Mí y continuó lo que obraba Yo mismo en mi interior; y esto me fue sumamente más grato que si me hubiese hecho cualquier otra cosa más grande, porque el verdadero espíritu de adoración consiste en esto, que la criatura se pierda a sí misma y se encuentre en el ambiente divino, y adore todo lo que obra Dios, y con Él se una”.
“Hija mía, lo mismo sucedió cuando en el consistorio de la Sacrosanta Trinidad se decretó el misterio de la Encarnación para salvar al género humano, y Yo unido con su Voluntad acepté y me ofrecí víctima por el hombre; todo fue unión entre las Tres Divinas Personas y todo fue planeado juntos, pero cuando me puse a la obra llegó un momento, especialmente cuando me encontré en el ambiente de las penas, de los oprobios, cargado de todas las maldades de las criaturas, que me quedé solo y abandonado por todos, hasta por mi amado Padre; y no sólo esto, sino que así, cargado de todas las penas como estaba, debía forzar al Omnipotente que aceptara y que me hiciera continuar mi sacrificio por la salvación de todo el género humano, presente, pasado y futuro. Y esto lo obtuve. El sacrificio dura aún, el esfuerzo es continuo, si bien esfuerzo todo de amor, ¿y quieres saber dónde y cómo? En el sacramento de la Eucaristía, en él el sacrificio es continuo, perpetuo, es la fuerza que hago al Padre para que use misericordia con las criaturas y con las almas para obtener su amor, y me encuentro en continuo contraste de morir continuamente, si bien todas muertes de amor”.
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¿Qué celebramos en la Liturgia de la Eucaristía? ¿Somos conscientes de qué sucede en esta parte de la Misa? Muchas veces, e incluso me atrevería a decir, que muchos creyentes no saben qué sucede en este momento del divino sacrificio. Veamos qué nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica:
1367CIC – El sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son, pues, unúnico sacrificio: «La víctima es una y la misma. El mismo el que se ofrece ahora por el ministerio de los sacerdotes, el que se ofreció a sí mismo en la cruz, y solo es diferente el modo de ofrecer» (Concilio de Trento: DS 1743). «Y puesto que en este divino sacrificio que se realiza en la misa, se contiene e inmola incruentamente el mismo Cristo que en el altar de la cruz «se ofreció a sí mismo una vez de modo cruento»; […] este sacrificio [es] verdaderamente propiciatorio» (Ibíd).
Dice Jesús en esta lectura del Libro de Cielo que el sacrificio de su muerte en la cruz dura aún, que el esfuerzo es continuo, pero que es un esfuerzo de AMOR. Se inmola continuamente en la Eucaristía para interceder por nosotros al Padre. Está claro que la primera vez en la cruz fue por amor, pero hubo sangre y hubo muerte. Ahora, en cada misa, vive una muerte de amor por nosotros y por todas las generaciones pasadas, presentes y futuras.
Ofrezcámonos como víctimas de amor para dar gloria y gracias al Padre por todas esas muertes incruentas que vive perpetuamente su Hijo por amor nuestro, y por intercesión nuestra ante su Padre, en nuestro nombre y en el de todas las criaturas, porque este sacrificio perpetuo sostiene nuestra existencia sobre la faz de la tierra. Por eso, en nuestra pequeñez ofrezcamos nuestra voluntad como víctima perpetua para la extensión del Reino como Él hace por la salvación nuestra, y así volver al orden, puesto y finalidad para la que fuimos creados por Dios.
En cada misa, en el ofertorio, unidos a esa «muerte de amor» del Salvador ofrezcamos siempre nuestra voluntad humana en un acto desinteresado de amor verdadero al Creador, para que el Cielo al bajar sobre el altar se quede para siempre en la tierra.
La confianza: Escalera para subir a la Divinidad. Dice Jesús: “La confianza tiene dos brazos, con uno se abraza a mi Humanidad y se sirve de Ella como escalera para subir a mi Divinidad, con el otro se abraza a la Divinidad y a torrentes toma las gracias celestiales, así que el alma queda toda inundada por el Ser Divino. Cuando el alma confía, está segura de obtener lo que pide, Yo me hago atar los brazos, la hago hacer lo que quiere, la hago penetrar hasta dentro de mi corazón y por sí misma le hago tomar lo que me ha pedido. Si no hiciera esto me sentiría en un estado de violencia”.
“Sin embargo lo que hace más querida al alma, más bella, más amable, más íntima en el Ser Divino, es la perseverancia en este modo de comportarse, volviéndola inmutable junto con el inmutable Dios; porque si hoy hace y mañana no; si una vez tiene un fin, y otra vez otro; hoy trata de agradar a Dios, mañana a las criaturas, es imagen de quien hoy es reina y mañana es vilísima sierva, hoy se alimenta de exquisitos alimentos y mañana de porquerías”.
“Hija mía, la simplicidad es a las virtudes como el condimento a las comidas. Para el alma simple no hay ni llaves ni puertas para entrar en Mí, ni Yo para entrar en ella, porque por todas las partes puede entrar en Mí y Yo en ella, más bien, para decir mejor, se encuentra en Mí sin entrar, porque por su simplicidad viene a semejarse a Mí que soy Espíritu simplísimo, y que sólo porque soy simplísimo me encuentro por todas partes y nada puede huir de mi mano. El alma simple es como la luz del sol, que a pesar de cualquier niebla, o de que sus rayos pasen por cualquier inmundicia, permanece siempre luz, y da luz a todos, pero jamás se cambia. Así el alma simple, cualquier mortificación o disgusto que pueda recibir, no cesa de ser luz para sí misma y para aquellos que la han mortificado, y si ve cosas malas, ella no queda manchada, queda siempre luz, ni jamás se cambia, porque la simplicidad es la virtud que más se asemeja al Ser Divino, y sólo por esta virtud se viene a participar de las otras cualidades divinas, y sólo en el alma simple no hay impedimentos ni obstáculos para que entre a obrar la Gracia Divina, porque siendo luz una y luz la otra, fácilmente una luz se une, se transforma en la otra luz”.
“Ahora, esto me parecía que se podría hacer también en el curso de nuestra vida para ahorrar trabajo al fuego del purgatorio, y a nosotros la pena, y así ser introducidos inmediatamente, sin ninguna dificultad, en nuestro sumo Bien Dios. Entonces me parecía que el alimento del fuego es la leña, y para estar seguro que la leña se ha convertido en fuego, es cuando se advierte que ya no produce humo. Ahora, principio y fin de todas nuestras acciones debe ser el fuego del amor de Dios; la leña que debe alimentar este fuego son las cruces, las mortificaciones; el humo que se eleva entre la leña y el fuego son las pasiones, las inclinaciones, que muy frecuentemente asoman la cabeza; entonces la señal de que todo en nosotros se ha consumido en fuego, es si nuestras pasiones están en su lugar y no sentimos más inclinaciones a todo lo que no se refiere a Dios. Parece que con esto pasaremos libremente, sin ningún obstáculo a habitar en nuestro Dios, y llegaremos aun desde acá a gozar el paraíso anticipado”.
“Hija mía, el Fiat está todo lleno de vida, más bien es la misma vida, y por eso de dentro del Fiat salen todas las vidas y todas las cosas. De mi Fiat salió la Creación, por eso en cada cosa creada se ve la marca del Fiat. Del Fiat Mihi de mi amada Mamá, dicho en mi Querer, el cual tuvo la misma potencia de mi Fiat Creador, salió la Redención, así que no hay cosa de la Redención que no contenga la marca del Fiat Mihi de mi Mamá; aun mi misma Humanidad, mis pasos, mis obras, mis palabras, estaban sellados por el Fiat Mihi de Ella; mis penas, mis llagas, las espinas, la cruz, mi sangre, todo tenía el sello de su Fiat Mihi, porque todas las cosas llevan el sello y la marca del origen de donde han salido. Mi origen en el tiempo fue el Fiat Mihi de mi Inmaculada Mamá, por eso todo mi obrar lleva el sello de su Fiat Mihi. Así que en cada hostia sacramental está su Fiat Mihi; si el hombre surge de la culpa, si el recién nacido es bautizado, si el Cielo se abre para recibir las almas, es el Fiat Mihi de mi Mamá que sella, que sigue y procede a todo. ¡Oh potencia del Fiat, Él surge a cada instante, se multiplica, se hace vida de todos los bienes!
“Hija mía, para hacer conocer que soy Yo, lo obedeceré a él (sacerdote), y después de que haya dado pruebas de obediencia, él me obedecerá a Mí”. Y diciendo yo: “Señor, temo demasiado el no poder obedecer”. Él ha agregado: “La obediencia desata y encadena, y como es cadena ata al Querer Divino con el humano y de ellos forma uno solo, de modo que el alma no obra con el poder de su voluntad, sino con el poder de la Voluntad Divina, y además no serás tú la que obedecerá, sino Yo que obedeceré en ti”.
Quien vive en el ambiente de la Voluntad Divina está en el puerto de todas las riquezas.
“Hija mía, quien vive en el ambiente de mi Voluntad está en el puerto de todas las riquezas, y quien vive fuera de este ambiente de mi Voluntad, está en el puerto de todas las miserias, por eso se dice en el Evangelio que a quien tiene le será dado, y a quien no tiene le será quitado aquel poco que tiene, porque quien vive en mi Voluntad, estando en el puerto de todas las riquezas, no es maravilla que se irá enriqueciendo siempre más con todos los bienes, porque vive en Mí como en su propia casa, y Yo, teniéndolo en Mí, ¿seré acaso avaro? ¿No iré dándole día con día, ahora un favor, ahora otro, y jamás cesaré de darle hasta en tanto que no le haya participado todos mis bienes? Sí, ciertamente, en cambio quien vive en el puerto de las miserias, fuera de mi Voluntad, ya por sí misma la propia voluntad es la más grande de las miserias y la destructora de todo bien, ¿qué maravilla entonces que si tiene un poco de bien, no teniendo contacto con mi Voluntad y viéndolo inútil en aquella alma le sea quitado?”
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Jesús nos enseña en esta lectura esa parte AdIntra del Evangelio Mt 25:29. Antes de conocer la Divina Voluntad nosotros nos quedábamos en lo de fuera, en esas palabras aparentemente simples de Jesús, y muchos ni siquiera llegábamos a entenderlas. En esta pedagogía de la Divina Voluntad sabemos que cada acto tiene dos movimientos, el externo (AdExtra) y el interno (AdIntra). Ahora tenemos que tener esa mirada divina en todo, así como en nuestra lectura personal de la Palabra, porque tal como se describe en este extracto del Libro de Cielo, hay una enseñanza interna, un bien divino oculto en aquellas palabras de Jesús.
En esta era de la Santificación se está dando a conocer el don de la Divina Voluntad y tenemos que aprender a leer el Evangelio con una mirada renovada, con una mirada AdIntra para penetrar en esa Voluntad Divina que contiene cada pasaje:
“Por eso se dice en el Evangelio que a quien tiene le será dado, y a quien no tiene le será quitado aquel poco que tiene, porque quien vive en mi Voluntad, estando en el puerto de todas las riquezas, no es maravilla que se irá enriqueciendo siempre más con todos los bienes, porque vive en Mí como en su propia casa”.
Cuántas veces habíamos leído ese versículo sin entenderlo, y mucho menos pensar que encerraba un conocimiento divino sobre la Voluntad de Dios. El Antiguo Testamento y los Salmos también podemos leerlos con esa mirada divina, acogiendo en el corazón ese bien divino escondido, y si en nuestros inicios tenemos dificultad para ver esa parte AdIntra, podemos dejar nuestro estribillo, y poco a poco irán cayendo los velos de nuestra ceguera humana y captaremos la sutileza de la Voluntad Divina en cada pasaje de la biblia, y sobre todo, en el Nuevo Testamento.
Para aquellos que querráis aprender de forma práctica cómo girar en el Evangelio podéis consultar el tema 3.7 de la página web; y en los diferentes grupos de Desahogo Divino se comparte a diario el giro del Evangelio.
Con este conocimiento, podemos hacer nuestros breves giros -incluso con un solo pensamiento- durante las lecturas de la Misa, para vivir fundidos en Él en cada parte de la Celebración.