11/07/2026

Volumen 16 – Mayo 29, 1924
«Hija mía, el dolor más grande de los apóstoles en toda su vida fue el quedar privados de su Maestro; conforme me veían subir al Cielo su corazón se consumía por el dolor de mi privación, y mucho más agudo y penetrante fue este dolor porque no era un dolor humano, una cosa material lo que perdían, sino un dolor divino, era a Dios que perdían, y si bien Yo tenía mi Humanidad, pero como resucitó, estaba espiritualizada y glorificada, por lo tanto todo el dolor fue en sus almas, que penetrándolos todos se sentían consumir en el dolor, tanto, de formar en ellos el más desgarrador y doloroso martirio, pero todo esto era necesario para ellos».
FIAT