17/04/2026

Volumen 30 – Marzo 6, 1932
“Hija mía, tú debes saber que cada acto de criatura contiene el valor de la finalidad con la cual anima su acto, la finalidad es como la semilla, que sepultada bajo la tierra se pulveriza con la tierra, pero no para morir sino para renacer y formar la plantita cargada de ramas, de flores y frutos que a aquella semilla pertenecen. La semilla no se ve, está escondida en la plantita, pero por los frutos se conoce la semilla, si es buena o mala. Tal es la finalidad, es semilla de luz, y se puede decir que queda como sepultada y se pulveriza en el acto de la criatura. Y si la finalidad es santa, todos los actos que vienen de aquella finalidad, todos serán actos santos, porque está la primera finalidad, la primera semilla que anima y da vida al séquito de los actos de la primera finalidad, y estos actos forman la vida de la finalidad, en los cuales se ven flores y frutos de verdadera santidad. Y hasta en tanto la criatura con todo el conocimiento de su voluntad no destruye la primera finalidad, puede estar segura que sus actos son encerrados en la primera finalidad. Ahora tu carrera en mi Divina Voluntad tendrá la finalidad que tú quieres, que se forme su reino, y por eso todos tus actos vienen concentrados en mi Fiat, y convirtiéndose en semillas de luz, todos se vuelven actos de mi Voluntad, los cuales elocuentemente, con voces arcanas y divinas, piden este reino tan santo en medio a las humanas generaciones”.
FIAT